Se celebra en Argentina el Día del Investigador Científico en homenaje al nacimiento de Bernardo Houssay (1887-1971), el pionero del sistema científico argentino, que en 1947 se convirtió en el primer latinoamericano en ganar un Premio Nobel de ciencias.
Su descubrimiento sobre el rol de la hipófisis en el metabolismo de la glucosa revolucionó el tratamiento de la diabetes y consolidó al país como referente en investigación biomédica. En un contexto de desafíos para la ciencia nacional, su figura recuerda la importancia de invertir en conocimiento.
Houssay compartió el Nobel de Fisiología o Medicina el 23 de octubre de 1947 con los bioquímicos austro-estadounidenses Carl y Gerty Cori, esposos y colaboradores inseparables. Juntos, elucidaron mecanismos claves del metabolismo del azúcar: los Cori por el “Ciclo de Cori” (el proceso bioquímico de conversión entre glucosa y glucógeno), y Houssay por demostrar cómo la glándula pituitaria regula hormonalmente estos procesos. Sus experimentos de los años 30, realizados en perros, probaron que la extirpación de la hipófisis agravaba la diabetes, abriendo vías para terapias endocrinológicas que siguen vigentes en el manejo de diabetes tipo 1 y 2.
El impacto de Houssay trasciende la endocrinología. Durante décadas, construyó el ecosistema científico argentino: en 1920 fundó la Sociedad Argentina de Biología; en 1933, la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (AAPC); en 1935, el Instituto de Fisiología de la UBA; y en 1944, el Instituto de Biología y Medicina Experimental (IByME). Su visión culminó como primer presidente del CONICET, creado por ley 15.316 el 5 de febrero de 1958, cargo que ocupó hasta su muerte en 1971.
Bajo su liderazgo, Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano con un sistema de carrera para investigadores que garantizaba estabilidad laboral de los científicos, financiamiento sistemático para I+D+i y becas masivas para formación doctoral. En 1971, el CONICET contaba con 61 investigadores de categoría superior, frente a ninguno en 1958 cuando se crea el CONICET. Houssay lo resumía con frases inolvidables: “Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico, y los países pobres lo siguen siendo porque no lo hacen” o “La ciencia no tiene patria, pero el hombre de ciencia sí la tiene”.
En el Día del Investigador, su legado convoca a defender la inversión en ciencia pública, en un momento donde el CONICET y las universidades enfrentan recortes. Houssay no solo curó enfermedades, sino que sembró las bases de un país soberano a través del conocimiento.