Patagonia protege más de la mitad de sus bosques, aunque enfrenta amenazas por especies invasoras y cambio climático

Los bosques andino-patagónicos cuentan con el 58,3% de su superficie bajo algún grado de protección.
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Los bosques andino-patagónicos cuentan con el 58,3% de su superficie bajo algún grado de protección. Sin embargo, especialistas advierten sobre el impacto del castor canadiense, los salmónidos introducidos y el retroceso de los glaciares.
Los bosques andino-patagónicos, una extensa franja de vegetación que recorre la cordillera desde el norte de la Patagonia hasta Tierra del Fuego, tienen actualmente más de la mitad de su superficie alcanzada por alguna figura de protección. El dato surge de un relevamiento elaborado por 51 investigadores de 19 instituciones, convocados por la Asociación Argentina de Ecología (AsAE), con financiamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y a pedido de la Dirección de Biodiversidad de la Nación.
El informe señala que el 58,3% del bosque andino-patagónico se encuentra protegido: son 31.236 kilómetros cuadrados de una superficie total estimada de 53.565 km². La red de conservación incluye cinco áreas de jerarquía internacional —entre ellas los sitios Patrimonio Mundial Los Alerces y Los Glaciares, además de la Reserva de la Biósfera Andino Norpatagónica—, junto con 13 áreas nacionales y 54 provinciales.

Un mapa de los ecosistemas argentinos

El estudio forma parte del mapeo más amplio disponible hasta el momento sobre los ecosistemas de la Argentina. El trabajo reunió 133 fichas de ambientes marinos, acuáticos continentales y terrestres, con el objetivo de aportar información para la conservación y la gestión de la biodiversidad.
En el caso de la región andino-patagónica, el relevamiento pone en valor un ambiente de clima templado frío, con precipitaciones promedio de 1.649 milímetros por año. Se trata de un ecosistema estratégico por su aporte a la regulación del clima, la provisión de agua dulce, la conservación de la biodiversidad y el desarrollo de actividades como el ecoturismo.
Entre las especies emblemáticas del área se encuentran el huemul —ciervo autóctono en peligro de extinción—, el cóndor, el carpintero gigante y el alerce, una de las especies arbóreas más longevas de la región.

Los guanacos son especies nativas que habitan en la estepa patagónica, aunque también se adentran en zonas de bosques abiertos y áreas de transición andina. Foto: Conicet

Tres amenazas principales

A pesar del nivel de protección alcanzado, el informe identifica tres amenazas centrales para los ecosistemas patagónicos.
La primera es la expansión del castor canadiense, una especie exótica invasora introducida desde el hemisferio norte. Su capacidad para construir diques altera los cursos de agua, provoca inundaciones en sectores de bosque y puede ocasionar la muerte de árboles. El diagnóstico también menciona a la rosa mosqueta y a la avispa chaqueta amarilla entre las especies invasoras que generan presión sobre los ambientes de la región.
La segunda amenaza está vinculada con la presencia de salmónidos exóticos en lagos y cursos de agua. Especies como la trucha arcoíris y la trucha marrón comparten hábitat con peces nativos, entre ellos puyenes y percas, y pueden alterar las relaciones de la cadena alimentaria original de estos ecosistemas.

El tercer factor de preocupación es el cambio climático, especialmente por la retracción de los glaciares. La pérdida de masa de hielo a causa del aumento de las temperaturas afecta el funcionamiento de los lagos de altura, que dependen del deshielo para sostener sus niveles de agua. Los lagos andinos de la Patagonia austral también enfrentan presiones derivadas del crecimiento urbano sobre sus márgenes.

Diversidad y servicios ambientales
La investigadora en ecología del CONICET Paulina Martinetto destacó la diversidad de ecosistemas presentes en Río Negro y Neuquén. Según explicó, la particular geografía regional —desde la cordillera hasta el mar— y su condición de zona de transición climática contribuyen a la coexistencia de una gran variedad de ambientes terrestres, acuáticos continentales y marinos.
Esa riqueza natural se traduce en beneficios concretos para las poblaciones: disponibilidad de agua potable, alimentos, regulación climática y oportunidades para el turismo de naturaleza. La conservación de los bosques y cuerpos de agua patagónicos, por lo tanto, no solo protege especies y paisajes, sino que también sostiene funciones ambientales esenciales para las comunidades de la región.

El desafío de conservar

El relevamiento confirma la importancia de las áreas protegidas como herramienta para resguardar el bosque andino-patagónico, pero también muestra que la protección formal no elimina por sí sola las amenazas. El control de especies exóticas invasoras, el monitoreo de los ambientes acuáticos y el diseño de políticas de adaptación frente al cambio climático aparecen como desafíos clave para sostener la biodiversidad patagónica a largo plazo.

Fuente: Diario Rio Negro

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