Al inicio del año 2026 la Patagonia Argentina se encuentra en una de las peores temporadas de incendios, según datos oficiales recientes del Servicio Provincial de Manejo del Fuego de Chubut (SPMF) y reportes del gobierno provincial, el incendio principal que comenzó en la zona de Puerto Patriada (Cushamen) y áreas cordilleranas como El Hoyo, Epuyén y Parque Nacional Los Alerces, afectaron alrededor de 45.000 hectáreas en total. Las altas temperaturas, vientos y sequías extremas obligaron a evacuar a miles de personas y saturaron a los equipos de bomberos.
Estudios vinculan el cambio climático como factor clave, multiplicando estos mega-incendios en la región patagónica. Según Thomas Kitzberger, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y especialista en ecología de bosques andino-patagónicos indicó “estamos teniendo sequías más prolongadas, inviernos con mucha menos nieve, temperaturas más altas y una mayor frecuencia de tormentas eléctricas. Todo eso genera condiciones mucho más propicias para incendios grandes”. Olas de calor prolongadas y déficits hídricos hacen que estos eventos sean mucho más probables que hace décadas, elevando riesgos en prevención, extinción y salud pública.
Los días con humo de biomasa afectan la calidad del aire y el bienestar en ciudades de Chubut y de provincias vecinas. Pocos trabajos analizan su impacto, y menos evalúan variables de partículas en suspensión.
Los incendios forestales no solo emiten partículas en suspensión (PM) sino también compuestos orgánicos volátiles (COV) que pueden actuar como precursores del ozono y que podrían contribuir a que este gas oxidante aumente en los días de incendios, aún en lugares muy alejados de ellos.
Un informe publicado por la Agencia SINC indica que se han realizado estudios en España luego de que durante el 2025 sufriera una de las peores temporadas de incendios forestales de las últimas décadas, situados en Galicia, Castilla y León, Asturias y Extremadura. Los resultados de la investigación han señalado que el ozono explica el 20 % de los ingresos hospitalarios, mientras que las partículas en suspensión (PM10) —que tradicionalmente es el único contaminante que se analiza en relación a los incendios forestales—, se relacionarían con menos del 15 %”, declaró Cristina Linares Gil, codirectora científica de la Unidad de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano del ISCIII.
Estos resultados muestran que, aunque las partículas visibles de la humareda son más evidentes, el ozono (O₃) y el óxido de nitrógeno (NO₂) tienen un impacto más relevante de lo esperado sobre los ingresos hospitalarios, mientras que la temperatura contribuye de manera más moderada.
En el caso de Patagonia, los incendios emiten PM y compuestos volátiles que generan ozono, elevándolo incluso lejos del foco, este tipo de incendios pueden notarse a cientos de kilómetros. Por esto se necesita planes integrales que incluyan todos los contaminantes, no solo el humo visible, además de establecer protocolos de actuación en gestión hospitalaria que se activen cuando se produzcan ese tipo de eventos. Estos efectos acumulados sobre la población general invitan a mirar más de cerca a quienes están en primera línea del humo: los bomberos.
Entre 2022 y 2024, investigadores del Instituto de Evaluación Ambiental y Agua, de la Universidad de Barcelona y de la Unidad de Prevención de la Contaminación del Ministerio para la Transición Ecológica midieron la exposición de brigadistas en Cataluña durante quemas controladas y fuegos reales. Para ello, usaron monitores especializados para registrar hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y carbono negro (BC) en partículas PM₂.₅, y encontraron diferencias significativas según la tarea desempeñada.
Los bomberos encargados de encender las quemas mostraron las concentraciones más altas, seguidos por quienes trabajaban en las líneas de fuego, mientras que los conductores de camiones, más alejados del foco, presentaron niveles menores. La fuerte correlación entre BC y HAP indica que el carbono negro puede servir como marcador práctico de contacto a compuestos tóxicos. “Incluso exposiciones cortas pueden superar los umbrales de riesgo de cáncer a lo largo de la vida, lo que evidencia la necesidad de medidas de protección específicas para cada tarea”, recalcan los autores del estudio que se publica en la revista Chemosphere.
Los hallazgos destacan la importancia de mejorar la protección respiratoria, diseñar protocolos según la función de cada bombero y adoptar métodos de ignición más seguros, para reducir la carga sanitaria de quienes combaten el fuego en primera línea.
Aunque los incendios se extingan y las llamas se disipen, el humo persiste. Viaja a cientos de kilómetros y deja su huella en la salud de quienes lo respiran, un recordatorio de que los efectos de estos fenómenos no terminan cuando cesa la emergencia.
Fuente: SINC, Ciencia contada en español